CHICAGO, Illinois (EFE).— A más de 3,200 kilómetros de donde el próximo 7 de marzo se celebrará la gran fiesta del cine con la ceremonia de entrega de los Oscar, una fábrica de Chicago trabaja a contrarreloj para que las figuras que dan nombre a los premios estén a punto. En la fábrica R.S. Owens, del noroeste de Chicago, se elabora desde 1983 la preciada estatuilla, quizá el elemento más significativo de la meca del celuloide, y donde 95% de sus empleados son de origen hispano.
La estatuilla, de 3.845 kilos y 34 centímetros de altura, pasa primero por la zona de lijado y posteriormente toca las manos de los pulidores que con esmero le dan el lustre que el protagonista de la gala exige. Una vez que Oscar, diseñado en 1927 por el director de arte de los estudios MGM, Cedric Gibbons, ha tomado el cuerpo llega el momento de darle su imagen final.